Arrancan tejos centenarios para ampliar una carretera en Asturias

20minutos (19/3/2008)

El progreso llega a todas partes, por las buenas o por las malas. Así lo piensan en el Principado de Asturias, donde las nuevas carreteras se trazan con regla y cartabón, destruyendo caminos medievales, machacando núcleos de interés etnográfico. La última víctima de este desatino ha sido el pueblecito de Rozadas (Boal), en el oriente asturiano. Una profunda zanja ha partido por la mitad la recoleta población de 90 habitantes llevándoselo todo por delante. También sus venerables tejos varias veces centenarios.

De nada le ha valido al árbol sagrado de los astures la existencia de una exigente normativa regional de protección. A las carreteras no las paran ni los dioses vegetales. Tampoco los vecinos y los miembros de la asociación Amigos del Tejo, aunque casi lo lograron cuando denunciaron el arranque de una veintena de estos árboles y su abandono en una escombrera. Sin embargo, como las máquinas obedecen a los políticos, y éstos piensan como las máquinas, los trabajos se reanudaron días después, aunque con ridículas condiciones. En lugar de talar los tejos se transplantarían. O al menos eso dijeron, que lo intentarían.

Para entonces sólo quedaban dos ejemplares vivos, los de Benito García, precisamente quien con más gallardía los estaba defendiendo de las motosierras. Un hombre que todavía no ha salido de su asombro ante el esperpento montado por las autoridades para un supuesto transplante tan imposible como grotesco, organizado de cara a la galería. Mucha grúa y mucho técnico, pero se les olvidó lo que cualquiera sabe. Que un tejo de casi 300 años es un ser vivo delicadísimo al que sólo se le pueden dar mimos, que no aguanta la violenta pérdida del 90 por ciento de sus raíces, que no se puede arrancar sin cepellón, que no se puede hacer cuando ya está floreciendo, que no es, en definitiva, una farola o un poste eléctrico, sino un frágil monumento natural. Pero a nuestras autoridades les da igual. Todo es teatro, puro teatro. Por eso los arrancaron sin pudor alguno. En un par de meses los viejos árboles estarán definitivamente muertos en su nueva localización, y para entonces la carretera entre Vegadeo y Boal será más ancha, más rápida, más deshumanizada y más anodina.

Los tejos de Benito se habrían podido salvar con sólo mover un metro el trazado previsto de la nueva vía, pero no se hizo.

¿Tan difícil era, tan caro, tan complicado? Por supuesto que no. No cuando algo interesa de verdad. Pero estas joyas botánicas no importan a nadie. Las carreteras. Ésas sí que dan votos.

¡Error!

Gigantesco desmonte abierto por medio del pueblo de Rozadas para ampliar la carretera vecinal. La circunvalación o la modificación del trazado pedida por los vecinos no fue aceptada. Tejos e historia fueron arrojados juntos al vertedero.